sábado, 28 de febrero de 2009

Hallan dos dibujos inéditos de Dalí vinculados a Duchamp

(28.02.2009. Tomado de El Mundo, Madrid. www.elmundo.es)

  • Uno de los dibujos corresponde a una escena erótica
  • Las obras estaban en en el cuaderno 'Je mange Gala', de Dalí

La historiadora Pilar Parcerisas ha desubierto dos dibujos inéditos de Dalí durante su investigación para el libro 'Duchamp en España', con el que demuestra la importancia que tuvieron para Duchamp sus largas estancias en nuestro país.

'Duchamp en España' (Ed. Siruela) aborda las claves estéticas de las estancias del pintor en España, y especialmente en Cadaqués (Girona), donde contó con un anfitrión de excepción, Salvador Dalí, con quien compartió algo más que una simple amistad.

Según ha explicado Parcerisas, Dalí y Duchamp tenían "la misma posición crítica ante la historia del arte, aunque luego la resolvían por caminos formalmente distintos, pero ambos compartían el gusto por la pintura preburguesa, por el Renacimiento".

Desde la presentación en Barcelona de 'Nu descendant un escalier' en 1912 hasta su último proyecto de chimenea anaglifa pocos meses antes de su muerte, en 1968, Duchamp mantuvo una especial relación con Cadaqués.

'Nu descendant un escalier' provocó, recuerda la autora, "una gran polémica en el seno de la ideología noucentista y clasicista que se estaba construyendo en aquel momento, hasta el punto de que propició críticas abominables como la de Eugenio d'Ors, que llega a hablar del 'caso du Champ'".

El ensayo sigue el viaje que Duchamp hizo por España junto a Katherine Dreyer -la fundadora de Societé Anonyme, la primera colección de arte moderno de Nueva York, antes que la del MOMA y el Guggenheim- por ciudades como Sevilla, Toledo, Granada, Ronda o Madrid, "un itinerario del que apenas queda alguna fotografía".

En otro pasaje del libro se recoge el viaje que Duchamp hizo en 1933 junto a Mary Reynolds a Cadaqués, donde Dalí hizo una especie de crónica de la visita incluida en el cuaderno 'Je mange Gala', donde Parcerisas ha localizado los dos dibujos inéditos.

"Uno de esos dibujos corresponde a una escena erótica, sugerida por una especie de celos por Duchamp y Gala, y ahí -sostiene la historiadora del arte- comienza, de alguna forma, esa tendencia de Dalí hacia la belleza comestible, a 'comerse el objeto del deseo'".


Mutuas influencias
La influencia de Duchamp en Dalí queda plasmada en obras dalinianas como 'Cisnes que se reflejan como elefantes' (1937), donde en unas rocas Dalí pinta a Duchamp de pie orinando, "como homenaje a su 'Fuente' -el famoso urinario-; o en 'La Apoteosis del dólar' (1965), en la que pinta a Duchamp disfrazado de Luis XIV".

Dalí fue el culpable de que Duchamp pasara los últimos diez veranos de su vida (1958-68) en Cadaqués. Parcerisas ha recuperado pasajes inéditos de esa íntima vivencia del lugar, que Duchamp ocultaba bajo su "aparente indiferencia y ensimismamiento" jugando al ajedrez.
Aquí, asegura la autora, Duchamp resuelve y termina su último trabajo, 'Etant donnés', que cierra un importante capítulo de la teatralidad en la pintura y el arte.

Durante su estancia en los apartamentos de Cadaqués, diseñó dos chimeneas, de las que sólo se conserva una, y, de hecho, apunta Parcerisas, "la chimenea anaglifa fue importante para seguir realizando sus experimentos ópticos y puede ser considerada como un epílogo de 'Etant donnés'".

A Duchamp le gustaba rodearse de gente normal como albañiles, sastres, y de esa relación surgió, por ejemplo, un traje de terciopelo negro que confeccionaba para todos sus amigos con los que se encontraban luego en Nueva York con el mismo traje, "una forma de crear un efecto caleidoscópico".

sábado, 21 de febrero de 2009

Futurismo, un siglo a toda velocidad


(Tomado de El País. Miércoles 18 de febrero de 2009. http://www.elpais.com/)


ESTRELLA DE DIEGO 18/02/2009 .


A finales del año 1908 Marinetti, uno de los principales protagonistas del vanguardismo europeo, es arrojado por su coche a una zanja llena de agua tras un rocambolesco viraje para evitar a dos ciclistas. Será el primer accidente moderno que dará lugar a una narrativa mítica, la de los orígenes; cerrar una etapa de forma violenta, como ocurrirá casi medio siglo después con James Dean primero y el pintor abstraccionista Jackson Pollock después, ambos fallecidos en un choque de automóvil, muertos a manos de la velocidad, incapaces de soportar los anticuados esquemas de los cincuenta, ávidos de comenzar de cero incluso a costa de la propia vida.

También Marinetti va a perder la vida en su accidente, o por lo menos la vida que conoce hasta aquella tarde. Como si de un bautismo laico se tratara -cuenta la leyenda que más circula- reemerge de la zanja futurista. No está mal el nombre acuñado para la ocasión, pues no hay pasado ni hay ancestros: sólo el futuro por delante.

Se pone a la tarea sin perder ni un momento, porque el futuro va muy deprisa, y apenas unos meses después está concluido el texto que aparece en Figaro hace ahora 100 años, el 20 de febrero de 1909. Es un escrito programático en el que no caben dudas respecto a lo que se espera del porvenir y con ese Primer manifiesto del futurismo se inaugura mucho más que el amor a la velocidad. Con él se da el pistoletazo de salida para la vanguardia como va a entenderse y a organizarse a partir de entonces: una actitud renovadora en el terreno artístico y, sobre todo, existencial. Hay que ser sobre todo modernos, como dijeran los poetas franceses de finales del XIX.

Modernidad radical
Y Marinetti se propone serlo desde sus orígenes decadentistas que apenas un año después, en 1910, le llevan a escribir -casi a destiempo- una novela indescriptible, Mafarka el futurista, paroxismo de desenfreno colonial africano pese a dedicarse el protagonista, en ese colmo de las paradojas que acarrea el movimiento, a "la construcción de pájaros mecánicos".

Porque si la modernidad propuesta desde el manifiesto no puede ser más radical, tampoco puede ser más contradictoria. Son internacionales y son nacionalistas, revolucionarios sin intereses sociales; quieren cantar al peligro, exigen poetas ardorosos y rebeldes, glorifican la guerra -higiene del mundo-; son antifeministas y aspiran a quemar los museos, las bibliotecas y "las academias de todo tipo" en un mundo que deberá estar gobernado por la velocidad y en el cual "un automóvil de carreras que ruge es más bello que la Victoria de Samotracia".

La polémica está servida por el poeta y animador cultural Marinetti, que sabe promocionar su producto como nadie y a la manera más contemporánea, se diría, recurriendo con frecuencia al escándalo, como ocurre en las famosas seratas futuristas, veladas con mucho de actuación teatral -con insultos y provocaciones al público incluidos- y en las cuales se halla el origen del cabaret dadá y hasta de los happenings. Con un mejor manejo de los medios que habilidad intelectual, como ocurre con tantos animadores hoy, Marinetti logra promocionar el movimiento dentro y fuera de Italia hasta convertirse en referente de lo moderno en círculos tan variopintos, políticamente hablando, como Revista de Occidente y los círculos ramonianos de Madrid; la revista Actual de los estridentistas mexicanos, comprometida con la revolución rusa; o Martín Fierro de Borges en Buenos Aires, donde se parafrasea a Marinetti al escribir que "un Hispano-Suiza es una obra de arte más bella que una silla Luis XV".

Sin embargo, pese a la diversidad de facciones que el movimiento fue capaz de atraer, suele verse demasiado próximo a las posiciones mussolinianas, en parte debido a las lecturas de Walter Benjamin sobre el totalitarismo y las asociaciones con los futuristas.

Parte de razón no falta en las críticas hacia su militarismo y su peligrosa esencia nacionalista, aunque visto con la distancia del tiempo y tras las lecturas que Fluxus hizo del movimiento en la década de los sesenta, a partir de los experimentos musicales de Russolo y su Arte de los ruidos parece claro que las relaciones con el fascismo italiano no fueron tan armoniosas como se ha tratado de enfatizar. La constante revisión de posiciones del grupo, que les hizo también ser feministas y antifeministas a un tiempo, hace que resulte complejo establecer las auténticas y perdurables filiaciones ideológicas de los futuristas.

Así, hoy día el Futurismo tiende a leerse como un soplo de arte fresco, al menos en lo que a las propuestas artísticas se refiere. Si personajes como Boccioni o Balla trataron de mostrar el movimiento en la escultura, el cine y la foto de Bragaglia y sus sobreimpresiones dinámicas -la ilusión óptica de atrapar el movimiento mientras ocurre- se enraízan con la famosa obra de Duchamp Desnudo bajando una escalera, que convulsionaría la escena de los primeros años diez. No sólo. Es posible que todas y cada una de las provocaciones de la vanguardia, su fascinación por convertir el arte en la vida y la vida en el arte, por romper las fronteras entre ambos, deban volver la mirada hacia las primeras performances marinettianas.

Por eso, tratar de encontrar la herencia futurista en la actualidad no parece de ninguna manera desatinada. Los planteamientos de los futuristas siguen vivos tanto en nuestra pasión de hoy por la técnica como en la crítica cultural a los museos, si bien, más mediocres que ellos, no terminamos de quemarlos.

Dejando a un lado las radicalidades vanguardistas, está claro que el Futurismo nos enseñó algunas cosas esenciales de la modernidad: a vivir deprisa, por ejemplo, pues como dijo Lacan, la realidad no nos espera.


El año de las máquinas

- Velocidad, arte y acción. Ése es el subtítulo de la gran exposición Futurismo 1909-2009, que puede verse hasta el 7 de junio en el Palazzo Reale de Milán, la ciudad en la que Marinetti fundó la mítica revista Poesía. La muestra reúne 400 obras entre pinturas, vestidos y esculturas. De Giacomo Balla a Carlos Carrà pasando por los arquitectos Antonio Sant'elia y Virgilio Marchi.

- Futurismo 100. Un programa para todo el año con tres grandes exposiciones en toda Italia:
Iluminaciones. La vanguardia frente a frente. Italia, Alemania, Rusia (en Mart di Rovereto, hasta el 7 de junio). Abstracciones (Museo Correr de Venecia, a partir del 5 de junio) y Simultaneidad (en el Palazzo Reale de Milán, a partir del 15 de octubre). Esta última será una de las grandes muestras del otoño. Un homenaje al escultor Umberto Boccioni con obras de colegas suyos como Brancusi, Tatlin, Naum Gabo, Jacques Lipchitz o Jean Arp.