sábado, 30 de abril de 2011

Hay días en que me invade la tristeza de morir y, como si pudiera ser la muerte la engañada, me atrinchero en mi estudio y me pongo a pintar con frenesí, confiado en que ella no me arrebatará la vida mientras haya una obra sin terminar entre mis manos. Como si la muerte pudiera entender mis razones, y yo hacer de Penélope para detenerla.
Ernesto Sábato

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